08.06.2017

Causas y consecuencias de la migración


Hasta 400.000 personas cruzan anualmente la frontera mexicana como migrantes irregulares. La mayoría de ellas y ellos vienen de Guatemala, Honduras y El Salvador. Huyen de la pobreza, la falta de oportunidades y la violencia. Se van con la esperanza de conseguir en Estados Unidos un trabajo para poder apoyar a sus familias. En la ruta migratoria están expuestos a varios riesgos. Una visita a nuestros proyectos que abordan la migración en Guatemala desde diferentes perspectivas.

Cuando llegamos a la escuela en la comunidad El Molino en el municipio San Martín para encontrarnos con Catalina, la facilitadora de nuestra organización coparte ECAP, el taller de derechos humanos ya está en plena aplicación. En una aula de la escuela están reunidas y reunidos 40 mujeres y varias niñas y varios niños. Primero escuchan el contenido sobre el tema de derechos humanos, después trabajan en grupos pequeños para analizar en conjunto a las siguientes preguntas: ¿Qué son los problemas en nuestra comunidad? ¿Qué derechos tenemos? ¿Por qué tanta gente de nuestra comunidad emigra y cómo podemos combatirlo?

En las comunidades de origen

“En San Martín hay una tasa muy alta de migrantes, es el número uno a nivel departamental de Chimaltenango que tiene más cantidad de población migrante”, cuenta Catalina. “El objetivo del taller de hoy fue identificar las necesidades de la comunidad porque muchas veces resulta que tienen un abanico de necesidades. A través de este diagnóstico las participantes pueden analizar de manera más fácil las causas de la migración.” En las conversaciones se refleja que existen muchas familias afectadas por la migración: El esposo, la hija, el hijo, casi todas familias tienen mínimamente una o un familiar que emigró o que por lo menos lo intentó – en la mayoría de los casos de manera irregular.

Martina* participa frecuentemente en las reuniones del grupo de mujeres y nos cuenta su historia: “Mi hijo emigró el año pasado con el objetivo de llegar a Estados Unidos. No escuchaba nada de él por 45 días hasta que me contactaron sus secuestradores. Para que pudiese seguir su camino tuvimos que pagar dinero. Mi hijo finalmente llegó a Estados Unidos después de 61 días. Para mí como madre es una situación muy difícil”, cuenta con voz entrecortada. “Pero no tenemos ninguna alternativa. Tengo dos hijos con discapacidad. Tenemos que pagar las terapias.” Su hijo no encontró trabajo en el municipio. Por eso tomó la decisión de irse para poder apoyar a su familia. Para muchas personas de la comunidad la migración es algo necesario y un fenómeno normal, el impacto y las consecuencias son ignoradas, para las y los migrantes, que están expuestos a varios riesgos, y para las familias, que en muchos casos no ven a sus familiares por años o las y los pierden.

Las y los desaparecidos

Nos encontramos con Don Pantaleón en el mercado de San Martín. Nos cuenta su historia. “Mi hijo emigró el 19 de marzo 2010 con sus seis amigos para Estados Unidos. El cuñado organizó el viaje, junto con los coyotes. Después nos enteramos que lograron cruzar la frontera mexicana. En Tamaulipas fueron parados. Cuatro de ellos tuvieron que cambiarse a otro autobús, dos fueron mandados de vuelta. Nos contaron que mi hijo tuvo que irse con ellos”, cuenta Don Pantaleón que sospechó que su hijo fue secuestrado y esperaba que le llegara una señal de vida de él.

De una persona de contacto de un cártel narcotraficante les llegó la petición de rescate. “Logramos juntar 30.000 Quetzales”, dice Don Pantaleón. La familia vendió todas sus propiedades, se endeudó y transfirió el dinero. Después de diez días le llegó la información de que iban a entregar a su hijo en la frontera. “Organicé un carro para este día. A las tres de la madrugada salí de la casa esperando a una última llamada.” Pero nunca le llegó la llamada. “No sabíamos si nuestro hijo todavía estaba vivo”, cuenta Don Pantaleón profundamente conmovido.

Hace dos años dio a una agencia de ayuda una muestra de ADN para que la compararan con el ADN de los muertos que son encontrados en las zonas fronterizas y fosas comunes en el desierto mexicano. “El Ministerio de Asuntos Exteriores nos comentó que habían encontrado restos mortales. Recibimos una urna con la ceniza y una foto de nuestro hijo. ¿Pero cómo puedo enterrar a mi hijo de esta manera? En mi cultura es importante enterrar al cuerpo del muerto. ¿Cómo podemos asegurarnos que esta ceniza es de mi hijo?”, relata Don Pantaleón. Está dudando que su hijo esté muerto y por eso no deja de buscarle. En diciembre de 2016 fue invitado en el marco del Global Forum on Migration and Development a Bangladesh para contar allí su historia.

En la frontera mexicana: familias solidarias

El departamento el Petén está ubicado en el norte de Guatemala y es un territorio fronterizo con México. Una de las rutas de migración más frecuentes de Centroamérica pasa por el Petén. Hemos quedado con Guillermo de nuestra organización coparte ACOMUMSAM en la comunidad Bethel para visitar a familias solidarias que ayudan a las y los migrantes que se encuentran en ruta atendiéndoles con lo básico: con hospedaje, alimentación, medicamentos pero también con información sobre sus derechos como migrantes, rutas migratorias y albergues.

“En promedio atendemos de cuatro hasta cinco migrantes al día en nuestra casa. Pero recientemente se quedaron ocho migrantes a dormir con nosotros”, dice Reina Elvira. “Antes de que Trump asumiera el cargo de presidente de Estados Unidos llegaron más migrantes. A nuestra casa la llaman la casa de los migrantes.” La familia de Reina Elvira, que tiene 33 años, es una de las cinco familias solidarias en Bethel. En total 30 familias solidarias en la región son apoyadas por el proyecto de AWO International. Las familias tienen una colaboración muy estrecha: Si no hay suficiente espacio para atender a las y los migrantes en una comunidad las y los mandan a otras familias en la región. Normalmente las y los migrantes se quedan por dos días antes de continuar su camino.

Pablo* está en la casa de Reina Elvira ya por un mes. No encontró trabajo en su comunidad de origen. Tiene el objetivo de llegar a Estados Unidos para ganar dinero con el que pueda apoyar a su familia en Guatemala. Para financiar su viaje tiene que trabajar en la ruta. En Bethel escuchó de las familias solidarias y encontró hospedaje. Quiere continuar el viaje pero el dinero que gana en su trabajo a jornal todavía no le alcanza. Por eso se queda por más tiempo con la familia y le ayuda con las tareas de la casa.

¿Por qué las familias solidarias prestan este servicio a las y los migrantes? “Mis padres ya viven por 49 años aquí. Desde entonces ayudamos a las y los migrantes. Tengo hermanos, hijos y sobrinas que ya han migrado. Sé que significa tener que irse”, cuenta Reina Elvira. Todas las familias con que hablamos durante la gira mencionan motivaciones parecidas: propias experiencias migratorias y solidaridad con las personas que necesitan ayuda. Con el apoyo de AWO International se fortalece la organización de las familias solidarias. Además, reciben tanto capacitación sobre los temas de derechos y asistencia médica como ayuda para el equipamiento de sus casas.

Vassilios Saroglou
Traducción: Victoria Baumann

Se trata de un artículo publicado en la revista weitblick 01/2017 bajo el tema migración y desarrollo.

*Se cambiaron los nombres

“En San Martín hay una tasa muy alta de migrantes”, cuenta Catalina, facilitadora de la organización coparte ECAP. (Foto: AWO International)

En talleres el grupo de mujeres en El Molino analiza las necesidades de la comunidad y recibe informaciones sobre los derechos humanos y la migración. (Foto: AWO International)

Martina es afectada por la migración: Su hijo emigró para poder apoyar a sus padres con remesas. (Foto: AWO International)

Don Pantaleón (izquierda) participó en el año 2016 en el Global Forum on Migration and Development para contar su historia personal de migración. (Foto: AWO International)

Pablo tiene que ganar dinero en la ruta migratoria para poder continuar su camino. La familia solidaria de Reina Elvira le ofrece hospedaje y alimentación en la comunidad Bethel cerca de la frontera mexicana. (Foto: AWO International)

Las familias solidarias atienden a las y los migrantes con lo básico: hospedaje, alimentación, asistencia médica e información sobre sus derechos. (Foto: AWO International)

La organización coparte ACOMUMSAM coordina el trabajo de 30 familias solidarias en el departamento El Petén. (Foto: AWO International)