24.08.2018

Día Mundial de la Asistencia Humanitaria – La Acción Humanitaria y la erupción del Volcán Fuego en Guatemala


El fin de semana pasado conmemoramos el Día Internacional de la Asistencia Humanitaria, que estableció la ONU en 2008. Nosotros de AWO International y nuestras organizaciones copartes sin embargo hablamos de “Acción Humanitaria”. ¿Por qué?

“La acción humanitaria va mucho más allá”

Loida Yax, Oficial de Proyectos de Acción Humanitaria, explica: “En situaciones de emergencia, mucha gente brinda una ayuda muy puntual, con donaciones de alimentos, ropa o artículos de higiene personal. Eso sería la asistencia humanitaria. Pero la acción humanitaria va mucho más allá, porque intenta generar capacidades en la población afectada a través de trabajo de prevención y formación para lograr mayor sostenibilidad antes, durante y después de una emergencia”.

Nuestra organización coparte IMUMI por ejemplo apoya desde el terremoto en México en septiembre 2017 al colectivo de mujeres “Las Jardineras” en La Nopalera en el Estado de Morelos. El proyecto se enfocó en la recuperación de medios de vida con la  reconstrucción de un vivero donde las mujeres cultivan flores. Ahora, ellas pueden continuar con la venta de sus productos para ganar un ingreso sostenible y mantener a sus familias.

Un proyecto que tiene una perspectiva aún más a largo plazo se ejecuta en Sololá en Guatemala. Rodeado de volcanes y montañas, sin embargo es uno de los departamentos con mayores índices de riesgo. Frecuentemente ocurren deslaves y derrumbes, aparte de los terremotos que se dan en Guatemala. Estos ponen en riesgo la vida de las personas en las comunidades, especialmente personas con (dis)capacidad. Para poder responder a sus necesidades en casos de emergencia, ACOPEDIS  está realizando obras de mitigación  en casas particulares para facilitar la evacuación de familiares con (dis)capacidad a un albergue seguro. Ahora, ACOPEDIS implementa con cuatro comunidades modelos de gestión de riesgo inclusiva. Eso significa elaborar planes de emergencia con las instituciones competentes y los COLREDES, pero también informar y capacitar a las familias con integrantes con (dis)capacidad y la comunidad.

Un mes después de la erupción del Volcán de Fuego en Guatemala

El Volcán de Fuego, ubicado justamente en la frontera de los departamentos Escuintla, Chimaltenango y Sacatepéquez, hizo erupción el 3 de Junio. Según las cifras oficiales proporcionadas por CONRED, se han declarado 169 personas fallecidas y 256 personas desaparecidas. Pero según estimaciones de la organización Antigua al Rescate, la cifra real de muertos se acerca a los 2,000. La cifra total de personas afectadas asciende a más de 1,7 millones. De ellas y ellos, un 86 por ciento perdió su fuente de trabajo o negocio y casi la mitad perdió sus cultivos. Aproximadamente 3,306 personas siguen viviendo en albergues, ya que no pueden regresar a sus viviendas por razones de seguridad.

Nuestra coparte ACCSS trabaja en dos municipios, Alotenango y San Pedro Yepocapa. Entre los hogares de acogida en Alotenango existen viviendas que albergan tres o cuatro familias, lo que significa una situación de higiene precaria. Por eso se distribuyen toneles para conservar el agua y kits de higiene según las necesidades que tengan las familias.  En la comunidad de Morelia del municipio de San Pedro Yepocapa, sobre todo se presenta el problema de agua contaminada. El equipo de ACCSS distribuye eco-filtros y da instrucciones de mantenimiento para garantizar que el  agua sea apta para consumo, considerando que los ríos llevan mucho material volcánico después de la erupción. Con una perspectiva a largo plazo, 20 mujeres lideresas se forman en los temas de higiene, tales como lavado de manos, uso adecuado del agua, higiene en el hogar y manejo de desechos. Después divulgan sus nuevos conocimientos en sus grupos de multiplicación.

Ixmucané Solórzano, que trabaja el tema de formación de líderes en uno de los albergues en Escuintla con nuestra organización coparte ECAP, nos cuenta: “la emergencia provocó obviamente una respuesta bastante fuerte, también de la población en general de Guatemala. Hubo un desborde de apoyo, lo que había mucho era agua y ropa“. El problema es la infraestructura y la coordinación. Primero, habilitar espacios para que las personas puedan vivir lo más digno posible y garantizar su seguridad. Segundo, llevar registros de tantas personas para que la ayuda pueda ser distribuida según las necesidades de los afectadas y afectados. Esas son las tareas más urgentes que le corresponden al gobierno.

Sin embargo, Bruce Osorio, psicólogo y coordinador del proyecto de ECAP, considera que la dignidad de las personas y sus necesidades se ven afectados por la falta de espacios de participación: “Cuando promovemos nosotros la participación, muchos lo ven como una pérdida de tiempo. Sin embargo, se podría dar una respuesta más efectiva con mayor aceptación dentro de la población.”

Ahora ya se están trasladando las primeras familias a los ATUS, los albergues transitorios unifamiliares. Son casas de madera provisionales donde las familias afectadas van a permanecer hasta la construcción de sus viviendas permanentes en la finca La Industria sea concluida, se prevé que durará 18 meses. En los ATUS, más de 4000 familias aproximadamente compartirán sanitarios, duchas y pilas para lavar ropa en la orilla del terreno. Eso puede tener un impacto negativo sobre aspectos de seguridad, sobre todo para mujeres y niñas, si tienen que salir de noche.

La acción humanitaria de nuestra coparte ECAP

Ixmucané Solórzano explica: “Es la primera experiencia en Guatemala con los ATUS. Entonces, la idea es cómo nosotros apoyamos la creación de un protocolo de seguridad en esos casos de emergencia.” Por ese motivo, ECAP se acercó al Ministerio Publico para elaborar una ruta de atención en casos de violencia sexual y otros incidentes, en los albergues y en los ATUS.

Nuestra coparte ECAP también está apoyando a los damnificados del volcán con asistencia psicosocial. Casi todas las personas en el albergue perdieron uno o más familiares, otros han tenido pérdidas materiales. Se están fortaleciendo las capacidades individuales para tomar decisiones y  elaborando planes de vida para el futuro. Aplicando un enfoque de género, las mujeres y niñas reciben la mayor atención, ya que se encuentran en una situación muy vulnerable. Jadira Monterroso, psicóloga social de ECAP, habla sobre los retos: “El reto que ahora tenemos es el procesamiento del duelo, a nivel individual, familiar y comunitario. El problema más grande es lo comunitario, porque en algunas comunidades tenemos una dinámica de poca organización y de mucha violencia”. Por lo tanto el trabajo de ECAP consiste también en el fortalecimiento de procesos organizativos en los albergues y más adelante en los ATUS.

El equipo de ECAP siente, que ya ha logrado un paso muy importante con su trabajo: la confianza y el reconocimiento de las personas y autoridades. Bruce Osorio especifica: “Con reconocimiento no hablamos de méritos, sino hablamos de reconocimiento en el sentido de que saben quienes somos y que estamos haciendo y eso ha permitido que nos piden ayuda en diferentes temas.”

La historia de la comunidad La Trinidad

Rocael García es uno de los líderes de la comunidad La Trinidad, a 30 minutos del volcán. Su comunidad se asentó ahí en un terreno que el gobierno les otorgó después de regresar del refugio en México por el conflicto armado interno hace casi 20 años. Ahora, otra vez tenían que huir. Cuando la tragedia ocurrió, solamente se veía ceniza y la gente no se alarmó. Pero pocos días después de la erupción, la fuerte lluvia arrastró material volcánico y se formaron grandes barrancos que están amenazando la comunidad. “Se intentó a llamar a las autoridades, en ese caso CONRED, pero no hubo ninguna respuesta de parte de ellos, no nos daban información. Entonces se decidió por algunos líderes salir y sacar a la gente”, cuenta Rocael. Él se albergó con su esposa y su hija en un albergue en Escuintla, junto con una parte de las personas de su comunidad y llevan casi tres meses viviendo ahí.

Como la comunidad cuenta con una organización comunitaria bastante buena que es producto del exilio en México, pronto empezaron a organizarse para reivindicar sus derechos. En ese proceso, les apoyó el equipo de ECAP. “La unión de nosotros es importante, pero también necesitamos un acompañamiento de organizaciones que puedan acuerpar este proceso”, aprecia Rocael. Ese acompañamiento consiste en establecer enlaces y cooperaciones, con otras organizaciones o abogados y también en ayudar a entender los hechos. Con el comité que se formó, ya lograron participar en la mesa nacional de reconstrucción,  donde se decide sobre la cualificación de terrenos como inhabitables y también la reubicación de las comunidades afectadas. Rocael comenta que eso es lo que quiere su comunidad: “Nuestra visión es tener un lugar donde no haya riesgo, donde se produzca el café y que estemos toda la comunidad juntos. Es la unión que hace la fuerza”.

El albergue en Escuintla en la Escuela Tipo Federación José Martí (Foto: AWO).

Un aula que sirve como dormitorio para 11 familias (Foto: AWO).

El equipo de AWO International en plática con el líder comunitario Rocael García y su familia (Foto: ECAP).

El comedor donde las familias que viven en los ATUS reciben sus raciones (Foto: AWO).